Me emociona saber que tenemos instituciones sólidas, como es el caso de la Secretaría de Marina, Armada de México SEMAR.

Me emociona saber que tenemos instituciones sólidas, como es el caso de la Secretaría de Marina, Armada de México SEMAR. Institución militar a la que admiro y respeto. Por ello me apasiona su historia y la biografía de destacados marinos mexicanos. Por ejemplo, la vida del Capitán de Navío Blas Godínez Brito, quien vivió del año 1804 a 1879. Quien asumo tuvo una personalidad temperamental, férrea, tenaz y de gran aplomo, considerando el sufrimiento físico y emocional que padeció por la guerra. La información de este personaje consta en diversas biografías autorizadas que lo enmarcan como valeroso marino mexicano, quien combatió en su época a invasores franceses y norteamericanos, y a rebeldes nacionales.

Blas Godínez nació en La Habana, Cuba, el 3 de febrero de 1804. En edad adolescente arribó a México y se hizo mexicano. Apasionado de los barcos y navíos tuvo la oportunidad de participar en la Marina Mercante de México donde adquirió profundos conocimientos náuticos. Posteriormente, y para gloria de México, en 1825 ingresó a la entonces Marina de Guerra Mexicana. Inició su carrera naval como Segundo Teniente, luego Segundo Comandante de la goleta de guerra Hermón y después en la goleta Iguala. Los registros apuntan a que éste fue el primer barco de la Marina de Guerra Mexicana. Llegó a ser Comandante de la goleta de guerra Luciana y logró navegar en otros barcos oficiales como la balandra cañonera Papaloapan.

Blas Godínez fue testigo de cuando en 1834 la península de Yucatán se rebeló infructuosamente en contra del gobierno de México, y los rebeldes pidieron su rendición el mismo año. Godínez logró ascender a Primer Teniente, luego Comandante Interino del Departamento de Marina de la Mar del Norte (actualmente los litorales del Golfo de México). Vivió cuando el norteamericano texano Stephen Austin declaró su inconformidad al gobierno de México por la instalación de una Aduana en la frontera con Texas, situación que provocó la rebelión texana para separarse del territorio que entonces ocupaba México. El sentimiento independentista Texano causó un conflicto violento y se tuvieron que reforzar los litorales de Texas. Durante 1836 se suscitaron enfrentamientos entre un buque texano y la goleta mexicana General Bravo, siendo esta última la vencedora.

En 1837 Blas Godínez fue asignado Comandante del bergantín Vencedor del Álamo, barco que logró la captura de la goleta de guerra texana Independencia. Durante el conflicto entre México y Texas surgió otro conflicto, pero ahora con Francia que reclamó a México ciertos abusos en contra de ciudadanos franceses en México. Francia exigió una elevada compensación económica, la cual México consideró injusta y exagerada. A finales de 1836 Francia nuevamente reclamó, y las autoridades mexicanas volvieron a rechazar su queja. Francia indignada respondió bloqueando el puerto de Veracruz en 1838, y los franceses aumentaron su fuerza naval en la zona y bombardearon el puerto y el Castillo de San Juan de Ulúa. La defensa mexicana estuvo a cargo de tropas de Marina bajo las órdenes del Capitán de Fragata Blas Godínez Brito, conjuntamente con el Batallón de Matamoros, Batallón Permanente de Aldama, 2º Batallón Activo de México, Batallón Activo de Tres Villas y Piquete de Zapadores, todos bajo las órdenes del General Antonio Gaona, Jefe del Batallón Permanente de Matamoros.

Las fuerzas armadas mexicanas estaban en desventaja y parecía imposible repeler el ataque de los invasores franceses en el puerto de Veracruz. En esas batallas Blas Godínez tuvo destacada participación militar. En noviembre de 1838 se le dio el mando de la línea de defensa exterior de la fortaleza, y fue en ese lugar donde junto con otros valientes marinos mexicanos se enfrentó al enemigo francés. Por los intensos bombardeos Godínez perdió su pierna y brazo izquierdos. Y muchos defensores mexicanos perdieron la vida. Los buques franceses no sufrieron daños, y los barcos mexicanos fueron tomados por los franceses. San Juan de Ulúa capituló el 20 de noviembre de 1838. México fue derrotado.

Tiempo después, y a pesar de su lamentable condición física y emocional por haber perdido sus extremidades izquierdas, Blas Godínez tuvo la tenacidad de reiniciar su actividad como marino. Primero en Tabasco como Capitán de Puerto, y en 1839 como Jefe de la Capitanía del puerto de Tampico. Por sus destacados servicios prestados a México, en 1840 Blas fue ascendido a Capitán de Navío. Después comandó el bergantín General Santa Anna. Posteriormente, tomó el mando de la Comandancia General del Departamento de Marina. Blas causó retiro el 9 de agosto de 1843. Pero en 1845 regresó a la Armada con el grado de Capitán de Fragata, graduado de Navío. Los problemas en México continuaban. El conflicto texano se agudizó cuando el gobierno norteamericano decidió anexar Texas a su territorio. La guerra entre México y los Estados Unidos fue inminente. Los invasores norteamericanos arribaron en 1847 cerca de Antón Lizardo, Veracruz. Desembarcaron y empezaron a bombardearlo. Con gran entereza Blas Godínez una vez más combatió al enemigo y participó con valentía en las batallas de Cerro Gordo y en Molino del Rey, Ciudad de México. Nada fácil ha de haber sido su vida después de perder las extremidades izquierdas. Se retiró nuevamente de la Armada Mexicana y pasó sus días en regiones de Veracruz tratando de estabilizar su estado físico. Administró la oficina de Correos de Orizaba. En 1855 recibió la orden de encargarse de la Comandancia Principal de Marina de Veracruz.

En 1856 surgió una insurrección y levantamiento armado de militares mexicanos encabezada por Vicente Salcedo en el Castillo de San Juan de Ulúa. Los insurrectos bombardearon la plaza de Veracruz. Blas nuevamente entró en acción para coordinar acciones de marina. Su respuesta como Comandante no se hizo esperar y ordenó el bloqueo del puerto con varios buques de guerra bajo el mando del Capitán de Fragata Francisco Canal. Blas tuvo profundas diferencias con el entonces Ministro de Guerra y Marina, Manuel María Sandoval, quien dispuso ordenes sin tomar en cuenta al Comandante, circunstancia que provocó la renuncia de Blas a la Armada de México en febrero de 1856.

Sin embargo, en 1858 Blas Godínez regresó a la Armada Mexicana con el grado de Capitán de Navío y ocupó el cargo de Comandante de Marina del Mar del Norte. En esos años los conflictos internos nacionales se incrementaron por las Leyes de Reforma. Las cuales afectaron a la Iglesia, una de las instituciones en ese entonces más poderosas. Benito Juárez también decretó la suspensión de pagos al exterior, incluido al gobierno de Francia como gran acreedor. Situación que provocó una nueva intervención francesa en México en 1862. Acontecimiento que terminó por imponer al Monarca Maximiliano de Habsburgo en México. En 1867 el gobierno juarista rehabilitó a Blas Godínez en el goce de retiro como Capitán de Fragata, graduado de Navío; y murió en Orizaba el 10 de marzo de 1879.

Todo legítimo coraje y valentía son apreciados y agradecidos siempre. Lo opuesto es la cobardía y pusilanimidad. Coraje es esa poderosa energía que nos hace enfrentar los obstáculos y adversidades. Nos hace actuar, luchar y combatir por lo que es “correcto”. Servir a otros. La valentía se traduce en ese poder capaz de modificar la realidad para bien común; nos provoca sacar lo mejor de nosotros mismos. Nada que ver con la actitud del bravucón que no sabe controlarse a sí mismo.

No hay grandeza que no tenga sus raíces en la valentía y el sacrificio heroico del coraje. De esto saben y conocen muy bien los marinos de la Marina, Armada de México SEMAR. Ese coraje y valentía se manifiestan en dos niveles: físico y moral. El coraje físico se exterioriza con menor complejidad que el coraje moral. Este surge en el silencio personalísimo para combatir la cobardía y pusilanimidad internas. Las acciones de valentía hacen que cada uno de nosotros llevemos al límite nuestras capacidades para hacer lo correcto, lo debido. Las fuerzas armadas navales mexicanas nos han dado, y siguen dándonos, ejemplos diarios de valentía y coraje personales y nacionales. Ese potencial heroico está también en cada uno de nosotros. A nuestro alcance. Y cada persona, siendo diferente, tiene una distinta forma de exteriorizar su legítimo coraje y valentía. ¡Viva el heroísmo naval mexicano!

Fuente: Forbes | Consulta el artículo original aquí